El sueño del bebé: informe de especialista

Consejos prácticos para pasar una buena noche

 

La cantidad de horas de sueño por día puede variar mucho de un bebé a otro: puede ocurrir que tu bebe duerma poco o mucho, y esto no debe preocuparte si luego lo ves despierto y en forma. Lo importante es que el bebé aprenda, en los primeros meses, a distinguir entre el día y la noche: de esta forma encontrará, espontáneamente, el ritmo de sueño que le conviene.
 

 

Dormir en buenas condiciones
 

  • Acuesta siempre a tu bebé boca arriba, de manera que sus vías respiratorias estén bien despejadas. De hecho, esta posición disminuye considerablemente los riesgos de muerte súbita del lactante.
     
  • Por lo general, no se recomienda utilizar un protector de cuna porque podría provocar la asfixia del bebé. Si la cuna de tu bebé tiene uno, debe estar colocado debajo del colchón, para que el bebé no lo pueda levantar.
     
  • Si quieres que tu bebé duerma en tu habitación durante las primeras semanas o los primeros meses, no te prives de hacerlo: tras nueve meses de contacto estrecho contigo, tu presencia durante la noche le resultará particularmente tranquilizadora. Para que toda la familia viva esta etapa con tranquilidad, esta elección deben hacerla en conjunto, poniéndose de acuerdo con el papá. El papá también cumplirá una función importante para ayudarte a «separarte» cuando decidas mudar al bebé a su propia habitación, sin que esto constituya un cambio brusco.
     
  • Debes estar atenta a las señales de advertencia del sueño: para que se duerma fácilmente, debes acostar al bebé cuando manifiesta somnolencia al comienzo de un ciclo de sueño. Cada niño expresa sus ganas de dormir dando sus propias señales, que es importante poder interpretar: bostezar, frotarse los ojos, tocarse el lóbulo de la oreja, tener las cejas enrojecidas, chuparse el dedo, estar excitado y no poder calmarse o, al contrario, replegarse sobre sí mismo. Acuesta a tu bebé enseguida cuando observes estas señales.

 

 

Cómo ayudar a tu bebé a dormirse

 

Al arrullarlo, reproduces los movimientos a los que se acostumbró el bebé en tu vientre: esto suele ser útil para que se duerman los niños pequeños. Si tu bebé no logra calmarse solo, lo puedes acunar en tus brazos o hacerlo dormir en una verdadera cuna mecedora a la que puedes mover suavemente para ayudarlo a conciliar el sueño. En la medida de lo posible, intenta detener el movimiento antes de que se duerma por completo, para que el bebé vaya aprendiendo a dormirse solo y a encontrar solo el sueño luego de los inevitables pequeños despertares nocturnos entre dos ciclos de sueño.
 

  • El chupón, que a menudo se le ofrece automáticamente, favorece los despertares múltiples, ya que al bebé le lleva muchos meses aprender a recuperarlo por sus propios medios cuando se le cae. En la medida de lo posible, es mejor no favorecer este hábito en tu bebé para evitar que tengas que levantarte demasiadas veces durante la noche.
     
  • Cuando tu bebé duerma en su propia habitación, decórala con objetos familiares que le causen placer cuando los encuentre cada día (un afiche, un móvil, peluches, etc.). Estos puntos de referencia lo ayudarán a sentirse bien y a dormirse fácilmente.
     
  • Un objeto favorito, un peluche o un paño impregnado con tu olor le servirán para separarse de ti y para aprender a dormirse solo.
     
  • Tras los primeros meses de vida, procura establecer una rutina para ir a acostarse: mimos, cuentos, canciones, etc. Estos hábitos le harán entender rápidamente la diferencia fundamental entre el día y la noche, una transición que lo preparará para la larga separación que significa la noche. Sin embargo, este ritual no debe durar demasiado ya que existe el riesgo de que el niño crea que la noche es peligrosa porque te cuesta dejarlo solo. 

 

 

Cómo administrar bien los despertares nocturnos

 

  • Durante los primeros meses, si tu bebé se despierta con frecuencia llorando, se retuerce de dolor después del amamantamiento o del biberón, y le resulta difícil mantenerse acostado, es posible que esté padeciendo de cólicos o de reflujo gastroesofágico (ERGE). Estas afecciones dolorosas son muy frecuentes en los niños pequeños. Consulta a tu pediatra, ya que hay muchas soluciones que podrían aliviar rápidamente a tu bebé y ayudarlo a dormir mejor (elevar su colchón, utilizar una leche espesante, etc.).
     
  • Al año de vida, el sueño de tu bebé puede verse perturbado por pesadillas. Si se despierta llorando y asustado, enciende una luz tenue y tranquilízalo mientras lo arrullas y le hablas dulcemente para que pueda regresar a la realidad. De ser necesario, puedes quedarte junto a él hasta que se vuelva a dormir.
     
  • Los terrores nocturnos, cercanos al sonambulismo, no deben confundirse con las pesadillas. Estos suelen ser muy impresionantes y se manifiestan de la siguiente manera: el niño se sienta o se pone de pie en la cama, grita, abre los ojos y está muy inquieto y asustado. ¡Todo esto mientras sigue durmiendo! Si esto ocurre, no lo despiertes. Busca establecer un contacto físico tranquilizador, acariciándole dulcemente la cabeza o los hombros, y quédate a su lado hasta que se calme. No te inquietes: los terrores nocturnos no son peligrosos para tu bebé.

 

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